Open source no es gratis: es libre (y por qué eso importa más)
Hay una confusión vieja en el mundo del software: creer que open source significa "gratis". En inglés lo resolvieron con un chiste: free as in beer vs free as in freedom. Gratis como la cerveza, libre como la libertad.
Para nosotros la distinción no es filosófica. Es la base de todo.
Gratis es un precio. Libre es un derecho.
Cuando algo es simplemente gratis, sos un invitado. El dueño puede cambiar el precio mañana, cerrar el servicio, venderlo a otro, limitar tu plan. Ya lo viviste: herramientas gratuitas que empezaron a cobrar, planes que se achicaron, features que se movieron al tier enterprise.
Cuando algo es libre —código abierto de verdad— sos dueño. Podés leer el código, auditarlo, modificarlo, correrlo donde quieras, para siempre, sin pedir permiso. Nadie puede subirte el precio porque no hay precio. Nadie puede cerrarte la puerta porque la puerta es tuya.
Por qué el código abierto gana siempre a la larga
El software propietario se degrada con el tiempo: el vendor agrega features que no pediste para justificar subidas de precio, el roadmap responde a inversores, no a usuarios.
El open source evoluciona distinto. Los bugs los encuentran miles de ojos. Las features las piden los que usan la herramienta todos los días. Si el proyecto original se desvía, la comunidad lo forkea y sigue. Linux, Postgres, Redis, nginx: la infraestructura del mundo ya es open source. Lo que faltaba era la capa que tocan los usuarios.
El lock-in es incompatible con la libertad
Fijate en el patrón del SaaS moderno: gratis para empezar, cómodo para quedarse, imposible para irse. Tus datos entran fácil y salen en un CSV incompleto, si tenés suerte.
El open source invierte el poder. Si nuestro cloud te falla, te llevás el código y tus datos y lo corrés en otro lado. No es una amenaza: es el diseño. Que sea fácil irse es exactamente lo que nos obliga a ser buenos.
Entonces, ¿cómo se sostiene?
Simple: el software es libre, la nube no. Correr servidores cuesta electricidad y máquinas reales. Si querés que lo corramos por vos —con login, backups y uptime— pagás exactamente eso: la infraestructura, al costo. Sin margen sobre el software, porque el software ya es tuyo.
Gratis es una promesa que se puede romper. Libre es un hecho que no se puede revocar.
Por eso decimos que el software murió: murió el software que no eras dueño.